Misionero
en Africa |
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| La población es totalmente musulmana y apenas hay una familia cristiana compuesta por ocho miembros. Además, está prohibido hablar de Jesucristo. Mis primeros tres años de sacerdocio los vivo en estado de frustración. ¿Estaré desperdiciando mi sacerdocio, mi salud, mi juventud? Un acontecimiento delicado en mi vida me hace volver a mi tierra Nicaragua. Pero el responsable mundial de las misiones vuelve a la carga y me propone ir a Camerún. Aterrizo en Yaundé, una de las grandes y desarrolladas capitales africanas, donde los cristianos son numerosos. La obra salesiana allí está encomendada a los salesianos de Verona, Italia, y necesita personal. Me encargan la creación de una parroquia pedida por el obispo local. Ahora sí me encuentro más en sintonía con el lema de mi sacerdocio: « Dios se vale de los vientos contrarios para conducirnos a puerto seguro «. Me dedico a la tarea de descubrir candidatos para catequistas, líderes para grupos parroquiales, dirigentes del coro. Es una tarea empeñativa, pues debo pensar en su formación humana, cristiana y específica. Niños y jóvenes acuden numerosos al oratorio, al centro juvenil y al centro profesional. Otros llegan para su preparación a los sacramentos o para un crecimiento espiritual. Es la iglesia viva que crece y se fortalece. Dos años después el obispo Jean Zoá la erige oficialmente como parroquia bajo el título Marie Secour des Chretiens (María Auxiliadora de los Cristianos). Los hermanos italianos levantan un hermoso templo material en donde hoy funciona una de las más grandes, activas e influyentes parroquias de la diócesis. Después de cuatro años intensos y bellos vuelvo a Centro América para descansar. De regreso a Africa, me destinan a Guinea Ecuatorial. Trabajaré en Bata, una misión ornada de bellas playas y extensos cocotales. Los salesianos de la provincia de Madrid la cultivan como su territorio de misión. Africa Central no es todavía una provincia salesiana autónoma y necesita el apoyo de otras provincias ya consolidadas. Pero se ve cercano el tiempo de madurar como provincia autónoma. En Bata encontré una misión floreciente, de mucha actividad escolar, profesional y social. Los salesianos españoles que trabajan allí tienen la suerte de contar con un sólido apoyo económico de su gobierno, que los considera voluntarios en el tercer mundo. Pero esta situación tiene su lado espinoso: los salesianos españoles están más dependientes del gobierno español que del obispo local. Por treinta años han desarrollado una formidable tarea de promoción humana sin contar con ciertos permisos básicos de la iglesia local. Guinea Ecuatorial todavía resiente la presencia colonizadora de España, y las relaciones no son fáciles. Yo soy considerado extranjero neutral y eso me facilita el trabajo de estructurar una parroquia y cultivar buenas relaciones con el obispo y el clero nativo. Esto me obliga a asistir a numerosas reuniones, que me distraen de mi trabajo pastoral. Comienzo la formación de catequistas, de grupos, de agentes de promoción social y hasta de agentes de pastoral turística. Por haber sido colonia española, el catolicismo es allí fuertemente mayoritario. Esta realidad facilita el trabajo pastoral. Después de de tres años de «diplomacia» y organización de la parroquia, el obispo Idelfonso Nzama visita la parroquia para administrar los sacramentos de la primera comunión y confirmación a más de 250 jóvenes y adultos. Es la primera vez que se realiza un acto de esa índole en 25 años. Este es el comienzo real de la vida parroquial. Queda todavía pendiente la condición puesta por el obispo de erigir un templo para que reciba el nombramiento canónico. A los dos años de haber dejado yo la parroquia, el templo será inaugurado gracias a la ayuda de la procura misionera de Madrid. Regreso de nuevo a Nicaragua para un merecido descanso. Entonces medito en la posibilidad de reintegrarme de nuevo a mi provincia centroamericana. Tantos años vividos en Africa han acentuado el cansancio y la soledad. Pero Dios me quiere todavía en Africa. En 1998 se constituyó allí una provincia salesiana propia. Considero que la joven provincia necesita de personal con experiencia y me ofrezco para cinco años más de trabajo africano. El nuevo provincial me envía a Oyem, cuarta ciudad de Gabón (la niña de los ojos de los franceses). A Oyem llegan los salesianos como un regalo del consejo superior para el primer salesiano negro nombrado obispo, monseñor Basile Nvé. La comunidad está encomendada a los salesianos franceses. Ellos vivían y trabajaban en el obispado para ayudar en la creación y organización de la nueva diócesis. Pero el obispo salesiano es trasladado a la capital y los salesianos deben buscar una presencia propia. Así nacieron unos pequeños talleres y se apoya a las escuelas católicas. Por cuatro años no se nombra al obispo sustituto. La comunidad me pide iniciar una parroquia bajo el patrocinio de Saint Basile. Hacía 18 años que el obispo salesiano nos había entregado ese terreno destinado a sede parroquial. Durante ese tiempo no hubo ni parroquia ni párroco ni archivo parroquial ni actividades típicamente parroqiales. Ahora es una parroquia rural con ocho barrios y 38 pueblos. La comunidad religiosa está constituida por cuatro salesianos, que deben atender talleres, escuela, administrar la diócesis y llevar adelante la parroquia. A mí me corresponde esta ùltima tarea. Los tres primeros meses los dedico de lleno a aprender la lengua fang, hablada por la tribu donde reside mi parroquia. Me voy a vivir al pueblo más lejano para aprenderla mejor. Vivo entre la gente como un vecino más. Pronto desaparece en ellos el miedo al extranjero blanco y termino haciéndome amigo de mis mejores maestros, los niños. Esa ha sido una de mis mayores aventuras, la más difícil, pero rica en experiencias humanas y espirituales. |
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