Nuestra
Misa,
una Celebración |
Foto: BSCAM |
Cuando vamos a sentarnos a una mesa para compartir la comida con nuestros familiares o amigos, le ponemos mantel a la mesa. Colocamos también candelabros; sus crepitantes llamas nos indican amor, amistad. Ponemos también platos, vasos, cubiertos sobre la mesa. La Eucaristía es la Cena del Señor; la celebramos sobre una mesa, como lo hizo Jesús. Sobre el altar colocamos un mantel blanco, unos candeleros, cuyas velas encendidas nos recuerdan el fuego del amor, que deben estar encendido durante la ceremonia. Preparamos un plato pequeño –la patena- en el que colocamos la Santa Hostia. Ponemos también una copa –el cáliz-, que contienen la Sangre de Cristo. El cáliz y la patena están sobre un pequeño mantel llamado CORPORAL; su nombre responde a su oficio de servir de mantelito para el ‘cuerpo’ de Jesús. El sacerdote se sirve de una pequeña servilleta, para limpiar los objetos sagrados; se llama PURIFICADOR. El vino y el agua, que el sacerdote vierte en el cáliz, se conservan en dos pequeños recipientes que reciben el nombre de VINAJERAS. Los altares de los primeros cristianos fueron las sencillas mesas de las casas particulares. Nuestros actuales altares se procura que sean mesas sólida de madera o de piedra. Allí celebramos nuestra Eucaristía, que Jesús instituyó la víspera de su pasión. Las vestiduras del sacerdote Para las ocasiones importantes se estila un traje adecuado. El juez viste una toga cuando va a dictar sentencia. El médico lleva una bata blanca cuando atiende a su paciente. El futbolista luce vistoso uniforme cuando se presenta en el estadio. El militar, el obrero, el actor escogen un traje apropiado según las circunstancias. El sacerdote ser reviste de ORNAMENTOS cuando sirve a la comunidad en el altar. Las vestiduras del sacerdote, cuando oficia en el altar, traen reminiscencias del sacerdocio judío en el Antiguo Testamento. |
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El sacerdocio del Antiguo Testamento llevaba en la cabeza UN TURBANTE; en la frente tenía una placa de oro sobre la que estaba escrito: “Santidad a Yahvé”. El sacerdote era un “separado” para servir con santidad a Dios y al pueblo. Llevaba una TUNICA BLANCA y sobre ella un MANTO AZUL con borlas con forma de campanillas y de granadas. Las campanillas servían para que, al sonar, indicaran que, al entrar el sacerdote en el Lugar Santísimo todavía vivía; que no había muerto ante la presencia de Dios. Las granadas indicaban los “frutos de vida espiritual” que debían observarse en el sacerdote. Sobre la túnica blanca y el manto, el sacerdote colocaba UN EFOD, una especie de delantal. |
Foto: BSCAM |
Sobre las hombreras del efod iban doce piedras preciosas: seis en cada hombrera. Las piedras preciosas representaban las doce tribus de Israel –todo el pueblo. Esas piedras sobre los hombros del sacerdote indicaban el peso del pueblo que el sacerdote llevaba ante el altar. En el pecho, el sacerdote colocaba EL PECTORAL, una bolsa cuadrada, dentro de la cual iban doce piedras preciosas con los nombres de las doce tribus de Israel. El sacerdote llevaba junto a su corazón los nombres de todos los del pueblo. Estas
vestidura del sacerdote del Antiguo Testamento encuentran eco en los
actuales ORNAMENTOS que el sacerdote viste cuando va a celebrar la
Eucaristía. Celebramos El término ‘DECIR MISA’, que se empleaba en otras épocas, se ha cambiado por otro más ajustado a la realidad: “Celebrar la Eucaristía”. La Misa debe ser la fiesta de la comunidad, que se reúne en la casa del Padre para recordar su bondad y para darle un culto de alabanza, y de acción de gracias. El domingo de resurrección, cuando el Señor se apareció a los apóstoles, miedosos y turbados, lo primero que les dijo fue: “La paz esté con ustedes”. Luego añadió: “Reciban el Espíritu Santo” (Jn 20,22). A continuación les dio el poder para perdonar los pecados (Jn 20,23). San Lucas añade que los invitó a cenar juntos. En una Eucaristía, se renuevan para nosotros estos momentos del domingo de la resurrección. Por lo general, llegamos a al iglesia con nuestras tensiones y turbaciones de la semana. El Señor nos acoge en su casa para darnos su paz. Por medio de su Palabra, en la Biblia, nos ayuda a interiorizarnos, a pedir perdón. Nos perdona. Nos regala una nueva efusión de su Espíritu Santo, ya que, al ser purificados de lo que estorba en nosotros la presencia de Dios, el Espíritu Santo logra actuar mejor en nosotros. Seguidamente Jesús nos convida a acercarnos a su mesa. Los apóstoles se alegraron inmensamente cuando fueron perdonados por Jesús, el día de la Resurrección. Cuando sintieron que el Espíritu Santo moraba en ellos y experimentaron la paz de Jesús. Comer junto a Jesús fue una fiesta para ellos. La Eucaristía es la fiesta semanal de la comunidad; Jesús fue una fiesta para ellos. La Eucaristía es la fiesta semanal de la comunidad; Jesús, nuevamente, nos convida a acompañarlo en la mesa –el altar-. De una Eucaristía, por eso, sólo hay una manera de salir: con el gozo que Jesús nos ha regalado. |
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