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El Gris Una vez, en 1866, caminaba Don Bosco desde Castelnuovo a Moncucco, pero se entretuvo en Buttigliera. A la puesta del sol se encontró solo, a mitad del camino, en medio del bosque. No tardó en sorprenderle la noche oscura y nubosa, aunque sin lluvia. Debía atravesar lugares que, según se decía, estaban infestados de ladrones, y cerca de granjas y viñas guardadas por terribles mastines. |
Foto: BSCAM |
Para
colmo se salió del camino y no sabía por donde iba. Empapado de sudor, llegó a los pies de una alta pendiente y comenzó a subirla. Se paró un momento para tomar respiro: - Si tuviera
aquí a mi Gris, pensó; qué bien me vendría: él
me sacaría de estos apuros. Fue una verdadera fortuna para Don Bosco encontrarse aquella compañía, porque, al llegar a una granja, aparecieron de repente dos perrazos rabiosos que infundían pánico; pero el perro Gris se les echó encima, y los obligó a retirarse tan maltrechos que a sus aullidos, que llenaban los aires, acudieron los mismos dueños para ver qué les pasaba a los pobres animales. El Gris
guió a su protegido directamente
hasta la casa donde era esperado. Todos quedaron estupefactos al contemplar
un perro tan hermoso y acosaban a Don
Bosco preguntándole: donde lo había adquirido, si venía
con él desde Turín, desde su casa, o de una granja, etc.
Al sentarse a cenar, dejaron que el Gris se pusiera a descansar en un rincón
de la sala. Levantados los manteles, dijo el señor Moglia: Y fue a echarle algo. Pero busca por aquí, busca por allá, llama que llamarás, no fue posible encontrarlo. Todos quedaron maravillados, pues no se habían abierto puertas ni ventanas, y los perros de casa no habían dado señal alguna de su salida. Se renovaron las pesquisas por el piso de encima, pero inútilmente. El perro había desaparecido y, desde entonces, nadie de aquellos alrededores supo nada de él. Don Bosco mismo contó este suceso unos años después, con motivo de que, habiendo caído la conversación sobre le famoso Gris, le preguntaron si lo había vuelto a ver después de 1855. - Sí, añadió; después de los primeros años, me lo encontré varias veces más, cuando me hallaba avanzada la noche sin compañero… Memorias Biográficas VIII, 417-418 |
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