Santa
María |
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-He
decidido aprender el oficio de modista. Cuando le sepa bien, abriré un
tallercito y enseñaré a coser a las chicas pobres. ¿A
ti
te gustaría coser conmigo? Estaríamos juntas, viviríamos
como en familia. |
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| Se encontró con Don Bosco en un tren, mientras ambos viajaban de Acqui
a Alessandria. Don Bosco le invitó a que le visitara en el Oratorio de
Valdocco. Entusiasmó al “curita” ver tantos muchachos y tan alegres, en una escuela de trabajo y de fe. Y le dijo a Don Bosco: “Me quedo con usted”. Don Bosco estuvo de acuerdo con él en que se hiciera Salesiano (de hecho, al año siguiente hacía don Pestarino la profesión religiosa), pero quiso que siguiera en Mornese, donde había cosas muy importantes que necesitaban de él. Desde entonces don Pestarino asistía a las reuniones de los directores salesianos. En Mornese hay, entre tanto, una novedad. Otras dos Hijas de la Inmaculada piden a María y Petronila “hacer lo mismo que ellas”. Preguntan a don Pestarino, el cual responde: “¿Y por qué no? Para dos tienen ya tanto que hacer que no acaban nunca”. Así se forma una especie de comunidad: las cuatro Hijas, como las llaman en el pueblo, enseñan a coser a las niñas y hacen de mamás de las siete chiquillas que viven día y noche en su compañía. En 1864 llega Don Bosco a Mornese con sus muchachos, durante uno de los paseos otoñales. Es de noche. La gente, a la que se han anticipado el párroco don Valle y el sacerdote don Pestarino, está esperando. Suena la banda, muchos se arrodillan al paso de Don Bosco implorando su bendición. Los jóvenes y la gente entran en la iglesia, se da la bendición con el Santísimo, y todo el mundo a cenar. |
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| Después, los muchachos de Don Bosco, animados por los aplausos, dan un
breve concierto de marchas y música alegre. En primera fila esta una muchacha
de veintisiete años, María Mazzarello. Al acabar, Don Bosco dice
unas palabras: “Todos estamos cansados, y mis muchachos tienen ganas de
echarse un buen sueños. Mañana hablaremos más despacio”. Al día siguiente, durante la mañana, don Pestarino presenta a Don Bosco a las “Hijas de la Inmaculada”. Entre ellas está María Mazzarello. Don Bosco queda impresionado por la bondad y laboriosidad de aquellas muchachas. Habla un rato con ellas, animándolas a ser constantes en la vida que han elegido y en la práctica de la virtud. Don Bosco se queda en Mornese cinco días. María Mazzarello logra oír cada noche “las buenas noches” que da a sus jóvenes. Más de uno se lo reprocha como si hubiera en ello algo inconveniente. Y ella responde “Don Bosco es un santo, y yo lo siento”. Al año siguiente, las Hijas de María Santísima Inmaculada se dividen en dos grupos. Las que deciden vivir en comunidad juntamente con María y Petronila las hospeda don Pestarino en una casa mejor, junto a la parroquia. Se llaman Hijas de la Inmaculada. Las otras que, como Angelina Maccagno, prefieren permanecer con sus familias, se llaman Nuevas Ursulinas. Los de Mornese están construyendo en el barrio de Borgo Alto un edificio para escuela de sus muchachos (pocas muchachas asisten en aquel tiempo a la escuela). Don Bosco ha prometido que, apenas esté acabado, les enviará a sus salesianos. Todo el pueblo colabora en los trabajos, con dinero y con prestaciones gratuitas. 1867. La capilla del colegio está acabada. Por diciembre va Don Bosco a celebrar en ella la primera misa. Invoca “las bendiciones del Señor a favor del colegio naciente y de todo el pueblo de Mornese”. Se queda cuatro días allí, y da una conferencia especial al pequeño grupo de las Hijas de la Inmaculada. Desde hace dos años, Don Bosco está pensando seriamente en fundar una familia de religiosas que haga con las muchachas el mismo bien que hacen los salesianos con los muchachos. En el 1869 se da prisa en la fundación de esta su “segunda familia”. Ha puesto sus ojos en las sencillas “Hijas” de Mornese, y sin ningún ruido envía a María y a Petronila un cuadernillo “escrito de su puño y letra, que contiene un horario y un breve reglamento, para que inicien, juntamente con sus niñas, una vida más regular” (Mbe X, 541). Aquel cuadernillo se perdió, pero sor Petronila recordaba que en él Don Bosco les daba consejos muy sencillos: “Procuren vivir en la presencia de Dios. Sean dulces, pacientes y amables. Cuiden atentamente a las niñas, ténganlas ocupadas. Ayúdenlas a crecer en una vida sencilla de amistad con el Señor, franca y espontánea” (Mb X, 542). En 1870 Don Bosco va a pasar tres días en Mornese: para respirar un poco y, sobre todo, para observar de cerca el modo de vivir de las “Hijas”. Quiere ver el efecto del “cuadernito”. Queda plenamente satisfecho. |
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