Simón Srugí

Artémides Zatti

Don Julio Gaitán

Eberl 1

Hno Juan Carlos Echavarria Z

HnoGabriel Osorio Margucho

El reto del 2016: La misericordiaDe repente el papa Francisco nos despierta de nuestra somnolencia espiritual. Porque estábamos confortablemente instalados en una espiritualidad medio narcisista. Se trataba de sacudirse periódicamente las manchitas que afeaban un poco nuestro traje de buenos cristianos. Éramos muy cuidadosos en cumplir las obligaciones de la piedad cristiana: ir a misa, confesarse de vez en cuando, cultivar alguna devoción particular, tener nuestro santo/santa favorito… Eso nos permitía hacerle guiños al Señor: Mira qué bien me porto.

Misericordia es el criterio para saber quiénes son hijos del Padre.En las parábolas dedicadas a la misericordia, Jesús revela la naturaleza de Dios como la de un Padre que jamás se da por vencido hasta tanto no haya disuelto el pecado y superado el rechazo con la compasión y la misericordia.

Nuestras manos estrechen sus manos y que sientan nuestra presencia.Tocados por su compasión, también nosotros llegaremos a ser compasivos con todos.

Cuántas situaciones de precariedad y sufrimiento existen en el mundo hoy.

El ser humano es un peregrino que recorre su camino hasta alcanzar la meta.La peregrinación es un signo peculiar en el Año Santo, porque es imagen del camino que cada persona realiza en su existencia.

La vida es una peregrinación y el ser humano es un peregrino que recorre su camino hasta alcanzar la meta anhelada.

También para llegar a la Puerta Santa en Roma y en cualquier otro lugar, cada uno deberá realizar, de acuerdo con las propias fuerzas, una peregrinación.

En cada uno de estos más pequeños está presente Cristo mismo.Obras de misericordia corporales:
dar de comer al hambriento,
dar de beber al sediento,
vestir al desnudo,
acoger al forastero,
asistir los enfermos,
visitar a los presos,
enterrar a los muertos.

Los confesores deben abrazar al hijo arrepentido que vuelve a casa.Los confesores sean un verdadero signo de la misericordia del Padre.

Ser confesores no se improvisa. Se llega a serlo cuando, ante todo, nos hacemos nosotros penitentes en busca de perdón. Nunca olvidemos que ser confesores significa participar de la misma misión de Jesús y ser signo concreto de la continuidad de un amor divino que perdona y que salva.