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Una de las afirmaciones más extraordinarias de Juan en su Evangelio es cuando escribe: “Y la Palabra se hizo carne, y puso su morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como su Hijo único, lleno de gracia y de verdad”.(Jn l,l4). Aquí se encuentra sintetizado el misterio de la “encarnación “ de la Palabra de Dios. 

Dios, por medio de Jesús se humaniza. Viene a poner su morada entre nosotros. En el Antiguo Testamento Dios se manifestaba de manera especial en el Tabernáculo, especie de capilla portátil a través del desierto. En el Nuevo Testamento, Jesús es el nuevo Tabernáculo. En él se manifiesta Dios. San Pablo lo captó bellamente, cuando afirmó que Jesús es “la imagen visible del Dios invisible “(Col l,l5). Desde el momento en que la Palabra se “ha hecho carne “, se ha humanizado, ya podemos saber quién es Dios y cómo es Dios. Ver a Jesús, en el Evangelio, es saber quién es Dios. Cómo ama, cómo perdona, cómo sana, cómo salva, cómo llena de vida abundante.

meditacion-1En la auténtica oración de alabanza no se pretende conseguir nada de Dios. Se le alaba porque el corazón, lleno de fe, siente la necesidad de expresarle su amor, su agradecimiento, su confianza. 

 

La persona que se sumerge en la oración de alabanza centra su atención, no en sus problemas, sino en la bondad, en la grandeza de Dios. La persona que alaba a Dios, casi sin darse cuenta, está abriendo de par en par su corazón para recibir las mejores bendiciones de Dios. La oración de alabanza nació, es Israel, en medio de la batalla. Cuando los guerreros se encontraban nerviosos, ya formados para iniciar la batalla, comenzaban a gritar pregonando la grandeza de Dios, su poder, sus maravillas. Esto les infundía coraje. Al mismo tiempo, tenía un efecto negativo en los enemigos, que se sentían amedrentados ante el optimismo del ejército que se venía contra ellos. Antes de tomar la ciudad de Jericó, el Señor les indicó a los israelitas que debían dar varias vueltas alrededor de la ciudad durante seis días. El último día, todos debían gritar al mismo tiempo. Así lo hicieron los del pueblo de Israel. Adelante iban los sacerdotes con las trompetas de clamoreo, llevando el Arca de la Alianza, símbolo de la presencia de Dios entre el pueblo. El séptimo día, todos gritaron al mismo tiempo. Dice la Biblia que cayeron los muros de Jericó (Jos 6, 20). La oración de alabanza antes de iniciar la batalla no era una súplica miedosa, sino un grito enardecido en que se proclamaba la infaltable presencia de Dios en medio de su pueblo. Era una oración de confianza total en el Dios que no falla.

lafeDice san Pedro: “La fe tiene que ser probada” (1Pe 1,7). Pedro pone una comparación. Así como el oro es puesto en el crisol a altas temperaturas para que suelte la escoria, así la fe tiene que ser puesta en el crisol de la prueba para que se evidencie si es verdadera fe o apariencia de fe.

 

sus apóstoles, el Señor les ponía pruebas de fe. Un día, cuando se habían alejado de los poblados, el Señor les pregunta a los apóstoles qué se puede hacer para darles de comer a todos aquellos que lo seguían: unos cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños. San Juan, expresamente, dice que el Señor les estaba poniendo una prueba.

meditacion-1Piero Petrosillo apunta: “La fe es una adhesión del hombre a Dios que se revela” . En primera instancia, la fe es un don de Dios mismo, que se nos revela de alguna manera. El día del bautismo se nos regala una medida de fe, como una diminuta semilla, que debe irse desarrollando. Es muy posible que algunos, por falta de un acompañamiento en la fe, todavía tengan la fe como una semilla insignificante, que no se ha desarrollado. En otras personas, en cambio, se puede apreciar una fe ya desarrollada, robusta.

 

La Carta a los Romanos afirma: “La fe viene de la predicación que expone el mensaje de Cristo” (Rom 10.17). Es por medio del oído que Dios llega a nuestro corazón. Dios toca a la puerta del corazón por medio de la Palabra de Dios en la Biblia. Dice la Carta a los Hebreos: “Muchas veces y de muchas maneras habló Dios en tiempos pasados por medio de los profetas; ahora, en los últimos tiempos nos habló por medio de su Hijo (Hbr 1,1-2). Es por medio de la Palabra de Dios que Dios mismo se introduce en nuestra mente y corazón. De allí nace la fe en Dios,  que toma la iniciativa de manifestarse para que lo conozcamos. En el Nuevo Testamento, para nosotros la fe viene de creer en Jesús, que es la imagen visible de Dios que es invisible (Col 1.15). Así lo presenta san Pablo a Jesús. La fe nos llega, entonces, cuando aceptamos el mensaje de Jesús y le damos nuestro sí de corazón. Este sí se puede evidenciar en algunos pasajes bíblicos, que nos ilustran esta afirmación de Pablo. La misma Carta a los Hebreos afirma que Jesús es el “autor y consumador de nuestra fe” (Hb 12,2). Por medio de la Palabra, Jesús, por la acción del Espíritu Santo, suscita en nosotros la fe. 

Meditacion-5La fe es un don que Dios nos regala. Dice la  Biblia: “La fe viene como resultado de la predicación que expone el mensaje de Cristo”( Rom 10,17). La Carta a los Hebreos,  explica  que la Palabra de Dios  es “viva y eficaz” (Hb 4, 12).  

Lo que viene a concordar con lo que decía San Pablo, que la Palabra de Dios es “operante”.  Una vez  dentro de nuestro corazón continúa sus efectos benéficos de largo alcance.  La misma Biblia compara la Palabra con la lluvia, que, una vez que cae, ya no vuelve vacía: hace que brote la planta, luego llegan los frutos (Is 55,8-10). Es por medio de la Palabra de Dios que nos llega  Veamos algunos de esos efectos espirituales que la Palabra produce en  la fe. El día de Pentecostés, Pedro salió a predicar con el poder del Espíritu Santo. Ante la predicación bíblica, la gente sintió punzadas en su corazón. Llorando le preguntaron a Pedro: “¿Qué debemos hacer?”. Pedro inmediatamente les señaló que debían arrepentirse, bautizarse para que fueran perdonados su pecados, y que iban a recibir la experiencia del Espíritu Santo (Hch 2,37-38). La predicación bíblica de Pedro  provocó la fe en tres mil personas que pidieron ser bautizadas.

meditacionBLos actores son especialistas en simular: lloran cuando están felices; se carcajean cuando hay tristeza en sus corazones. Se disfrazan de pobres cuando son ricos. Se presentan como malvados, cuando son buenas personas. En nuestra vida espiritual podemos ser actores, podemos simular que tenemos fe, cuando tal vez, se trata solo de un sentimiento religioso. 

Del pueblo de Israel, el Señor dijo: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí” ( Is 29,13) . Podemos decir oraciones muy bonitas, realizar ceremonias impecables, que no salgan del corazón, sino solo de los labios. Podemos fingir que tenemos fe.  Ante Dios, podemos hacer gestos, cantar, ponernos máscaras de gente piadosa. Lo cierto es que “a  Dios nadie lo puede engañar”, dice la Carta a los Gálatas (Gal 6,7). La fe es don  de Dios. Nosotros no podemos fabricarla; pero sí simularla.

meditacion1El Cardenal Carlos Amigo habla de una auditoría de la fe, que debe realizarse en este mundo postmoderno, que se caracteriza por la falta de fe. Desde hace mucho tiempo, hacemos oraciones, celebramos la Eucaristía, leemos la Biblia, dando por sentado que tenemos fe. Y es muy posible que lo que llamamos fe, sea una “fe simulada”.
Una apariencia de fe. Este examen de nuestra fe no consiste en el recuento de en qué creemos, sino de cómo creemos. Benedicto XVI, en su libro Introducción al cristianismo, afirma: “El problema del auténtico contenido y sentido de la fe cristiana está hoy, muchos más que en tiempos pasados, rodeado de incertidumbre”. Por eso es muy importante lo que dice Anselm Grün: “Ser una persona creyente significa también, preguntar siempre de nuevo qué significa Jesucristo para mí, cómo me relaciono como cristiano con los problemas esenciales de la vida humana: el sufrimiento y la culpa, la enfermedad y la muerte, el trabajo y la vida cotidiana, el amor y el placer”. Ese es el difícil examen de nuestra fe que se nos propone.