Imágen de: Tom/ flickrfree Puedo confesar que fue hace tres años cuando de verdad comencé a vivir Navidad en casa. La llegada de mi hijo me hizo identificarme con ese legendario portal de Belén: Había un bebé, una pareja, muchas ilusiones y felicidad.

Aunque esta será apenas la tercera Navidad de este tipo, tengo que decir también que ya he aprendido mucho y aún me falta descubrir cómo enfrentar algunos retos. Hacer la agenda de una familia compartida nunca es cosa fácil. Los ajetreos de visitas a la familia y amigos, comidas, tráfico en las calles y demás, siempre traen consigo una cuota de estrés, pero lo importante ha sido saber encontrar el camino de vuelta a la paz. Al final todos queremos lo mismo: pasar un rato memorable y de cariño juntos y que los niños estén felices jugando y compartiendo con su familia.

 Uno de esos retos ha sido compartir al hijo mayor con su familia materna. Hasta el año anterior, todo se había resuelto conforme al criterio de mi esposo y la mamá de Fernando y, afortunadamente, no nos ha ido tan mal.

El acuerdo de días compartidos nos ha permitido que también él pueda pasar tiempo navideño y de fin de año con su abuela y tíos paternos. Conciliar ese tiempo con el que tenemos que darle a mi familia no ha sido fácil pero con la actitud adecuada para resolver agendas lo hemos conseguido sin que al final se convierta en un problema.

Este año, Fernando cumplió sus 8 años y ya comenta, discute y propone más ideas en casa. Su opinión y deseos se hacen cada vez más presentes en nuestras decisiones y por supuesto que en esta época no habrá excepción. Así que por primera vez la agenda de días y horarios compartidos pasará por su filtro.

Lejos de ser inquietante es bueno porque estará más a gusto y también pondrá en práctica una lección de vida muy útil: tomar nuestras propias decisiones y manejar nuestro tiempo lo mejor posible. Ya que será una decisión conjunta y no habrá comentarios dramáticos sobre ausencias, estamos confiados en que ese punto está solventado satisfactoriamente.

El otro tema importante en nuestra casa son los regalos y la visión tan comercializada de la Navidad (como la de todas las relacionadas a emociones y afectos: día de enamorados, de la madre, el padre y tantas más). En casa los regalos los llevan papá y mamá con la ayuda del niño Jesús que nos ha dado trabajo para poder comprarlos.

Es cierto que constantemente tenemos la presión social de las ilusiones y fantasías alrededor de Papá Noel, el niño Dios y etcétera. Pero los niños lo han aceptado de maravilla y nosotros estamos contentos porque lo que queremos hacer es priorizar virtudes como el agradecimiento y la generosidad sobre la imposición de tener que dar regalos solo porque sí.

Ellos escogen qué les gustaría tener en esta época, nosotros les decimos si podemos pagarlo. Además, hay que incluir siempre los regalos para primitos y los más peques de la familia y amigos. Estos regalos van desde una pequeña estrella brillante y personalizada hecha por ellos mismos hasta un carro o juguete favorito envuelto en regalo para abrir la noche de Navidad.

No existe la familia perfecta ni la felicidad permanente y sin matices, así que tratamos de vivir esta época de acuerdo con nuestras posibilidades y tratando de fortalecer las virtudes que hemos elegido para nuestra familia. Igual que todos los demás.

 

 

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