Día internacional del Hombre 2012 Cada vez que leo o escucho condenas hacia las madres por descuidar, malcriar y hasta abandonar hijos siempre me pregunto ¿y el papá de esos niños? Pienso que es lo lógico y que todos deberíamos preguntárnoslo. Si no está la mamá o no puede encargarse, los niños tienen a sus papás. Pero en la mayoría de los casos nadie se lo pregunta y la condena total recae sobre las madres.

Reflexionando sobre eso, y a propósito del Día Internacional del Hombre que comenzó a celebrarse un 19 de noviembre de 1999 en Trinidad y Tobago y luego fue extendiéndose al resto del mundo, pienso que quizá parte importante de la culpa de todo eso la tenemos las mismas madres que educamos hombres y mujeres. Por supuesto, la sociedad y su complicadísimo entramado son el complemento perfecto.

Mi interés no es ponerme en pelea con los hombres porque no me interesa, tampoco es de mi agrado y no tengo habilidad para ello. Mi interés es que cada vez veamos más de esos hombres tan correctos, responsables, amorosos, dispuestos a ayudar y que las necesidades de los demás (comenzando por su propia familia) ocupan un puesto privilegiado en su escala de valores. Por supuesto que los hay y no son pocos, pero quizá tampoco son suficientes.

Se me ocurre que lo que hay que hacer es exigir a los mismos hombres de hoy. No me parece válido que recarguemos ese peso en las futuras generaciones porque a ellos les toca hoy ser niños y jóvenes, pero eso sí, si desde pequeños aprenden a compartir, a ser independientes, a ayudar en casa y a responsabilizarse de sus acciones y pertenencias, seguramente tendremos hombres con los mismos hábitos y valores en sus quehaceres cotidianos de trabajo, estudio y familia. Hombres que sean seres humanos, con sus equivocaciones incluidas.

Nunca olvido una frase que, durante un café, me dijo un amigo que estaba en diligencias de divorcio: “Yo pensé que con ser fiel, hogareño, responsable y sin vicios era suficiente”. Le faltó todo el tiempo ser más amoroso y atento con su esposa quizá, y sin duda que también muchas otras cosas más. Así como sin duda era y sigue siendo un hombre íntegro, correcto, trabajador, responsable y un montón de virtudes más. Tenía el rostro descompuesto, estaba en medio de una crisis matrimonial que le dolía profundamente porque no lograba imaginar su vida sin su esposa. Desde ese entonces hasta hoy han pasado varios años y afortunadamente encontraron una solución que se adaptara a sus necesidades, a su manera de vivir y al deseo de ambos de seguir casados y siendo familia.

Pero, no todas las veces es así y muchos deciden que es mejor cada quien vivir por su lado. Y logran estar mejor de esa manera. Por supuesto que tampoco es culpa exclusiva de los hombres porque un esfuerzo que se emprende en pareja, obtiene resultados y frutos de pareja, no de individuos. Y lo que quiero yo decir en esta ocasión es que hay que exigir a los hombres. No solo amarlos, cuidarlos, consolarlos y apoyarlos, porque todo eso lo necesitan tanto como las mujeres. También necesitan que sepan qué cosas necesitamos de ellos. También merecen saber que con ser medianamente buenos no es suficiente. Hay que ser lo mejor que podamos en cada situación en la que nos involucramos: mejores esposos, padres, hermanos, profesionales, amigos o lo que sea que estemos haciendo. Y esto es aplicable a la humanidad por completo. Por esa razón creo que cada uno de nosotros tiene sus propias virtudes: para explotarlas, cual talentos bíblicos, y dar lo mejor de ellas. No dejarlas escondidas bajo la mesa sin ser luz y sal del mundo.

Y reflexiono todo esto porque vivo rodeada de hombres en mi casa. Y sé lo valiosos que son y sé lo que pueden dar. Sé cuan necesarios son para completar la vida y el mundo y me rehúso a aceptar que siempre tengan que estar siendo juzgados como padres irresponsables, maridos haraganes o que son más hijos de sus esposas que otra cosa, solterones carga de sus padres y otro montón de cosas más. No es cierto, seamos justos con los hombres, pero también exijamos que hagan bien lo que les toca hacer. El punto es que para eso, también tenemos que comenzar en nuestro propio patio, nuestro propio corazón, nuestras propias acciones. Para pedir un mundo mejor, hay que dar también de uno lo mejor. Feliz Día Internacional del Hombre y gracias a la UNESCO por haber aprobado un día para ellos.

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