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Discurso del Santo Padre en el Encuentro con la comunidad
1. Con particular afecto, saludo a Fray Hans Stapel, Fundador de la Obra Social Nuestra Señora de la Gloria, también conocida como Hacienda de la Esperanza. Deseo desde ya congratularme por todos ustedes, por haber creído en el ideal de bien y de paz que este lugar significa. A todos los que en fase de recuperación, así como a los rehabilitados, voluntarios, familias, ex internos y bienhechores de todas las haciendas representadas que se encuentran en esta ocasión para encontrarse con el Papa, os digo: ¡Paz y Bien! Sé que aquí se encuentran reunidos los representantes
de diversos países, donde la Hacienda de la Esperanza posee sedes.
Vinieron a ver el Papa. Vinieron a oír y asimilar lo que él
les quería decir. A cierta altura de la vida, Jesús viene y toca, con suaves toques, en el fondo de los corazones bien dispuestos. Con ustedes, Él lo hizo a través de una persona amiga o de un sacerdote o, posiblemente, providenció una serie de coincidencias para decir que son objeto de predilección divina. Mediante la institución que los alberga, el Señor proporcionó esta experiencia de recuperación física y espiritual de vital importancia para ustedes y sus familiares. Además, la sociedad espera que sepan divulgar éste bien precioso de la salud entre los amigos y miembros de toda la comunidad. ¡Ustedes deben ser los embajadores de la esperanza! Brasil posee
una estadística, de las más relevantes, en lo que respecta
a dependencia química de drogas y estupefacientes. Y América
Latina no se queda atrás. Por eso, digo a los que comercializan
la droga que piensen en el mal que están provocándoles
a una multitud de jóvenes y de adultos de todos los segmentos
de la sociedad: Dios se los va a cobrar. La dignidad humana no puede
ser pisoteada de esta manera. El mal provocado recibe la misma reprobación
hecha por Jesús a los que escandalizaban a los “pequeñitos”,
los preferidos de Dios (cf. MT 18, 7-10). Deseo manifestar mi aprecio por esta Obra, que tiene como base espiritual el carisma de San Francisco y la espiritualidad del Movimiento de los Focolares. La reinserción en la sociedad constituye, sin duda, una prueba de la eficacia de la iniciativa de ustedes. Pero lo que más llama la atención, y confirma la validez del trabajo, son las conversiones, el reencuentro con Dios y la participación activa en la vida de la Iglesia. No basta curar el cuerpo, es necesario adornar el alma con los más preciosos dones divinos conquistados a través del Bautismo. Vamos a agradecer a Dios por haber querido colocar
tantas almas en el camino de una esperanza renovada, con el auxilio
de Sacramento del perdón
y de la celebración de la Eucaristía. Mi pensamiento va ahora a la muchas otras instituciones
del mundo entero que trabajan para restituir la vida, y vida nueva,
a éstos nuestros
hermanos presentes en nuestra sociedad, y que Dios ama con un amor preferencial.
Pienso también en los muchos grupos de Alcohólicos Anónimos
y de Narcóticos Anónimos, y en la Pastoral de la Sobriedad
que ya trabaja en muchas comunidades, prestando sus generosos auxilios
en favor de la vida. La presencia de ustedes aquí, supone una ayuda considerable para el éxito de esta gran asamblea; pongan sus oraciones, sacrificios y renuncias en el altar de la Capilla, ciertos de que, en el Santo Sacrificio del Altar, estas ofrendas subirán a los cielos como un suave aroma en la presencia del Altísimo. Cuento con su ayuda. Que San Fray Galvão y Santa Crescencia amparen y protejan a cada uno. A todos ustedes bendigo en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. |